Suecia ha conseguido reducir su tasa de fumadores a menos del 5%, muy por debajo del promedio europeo del 24%. Este logro se atribuye en gran parte a su enfoque innovador: promover alternativas de menor riesgo como las bolsas de nicotina y los cigarrillos electrónicos. A pesar de seguir consumiendo nicotina, los suecos no fuman cigarrillos, sino que usan estos productos que eliminan la combustión y reducen considerablemente la exposición a los tóxicos de la combustión del tabaco. Gracias a ello, Suecia se ha convertido en el primer país libre de humo del mundo y presenta una tasa de cáncer de pulmón un 40% inferior al resto de países de la UE.
Las bolsas de nicotina, son un producto con nicotina de uso oral que no contiene tabaco. Se consumen colocándolas bajo el labio, lo que hace que se libere la nicotina de forma más lenta que con el cigarrillo, y eliminando el humo y la combustión. Aunque no están exentas de riesgos, como una posible elevación transitoria de la presión arterial o del cortisol, la evidencia disponible indica que las bolsas de nicotina presentan un perfil tóxico significativamente menor en comparación con los cigarrillos.
A nivel legislativo, Suecia mantiene una postura más permisiva respecto a la nicotina oral, lo que contrasta con el endurecimiento regulatorio que se plantea en países como España. El modelo sueco, basado en la reducción de daños, plantea una discusión abierta sobre cómo avanzar hacia un mundo sin humo, pero no necesariamente sin nicotina. Aunque su contexto cultural es único, su experiencia podría aportar claves para replantear las políticas de control del tabaquismo en otros países.



