Según el primer censo ibérico del conejo de monte, esta especie ha experimentado un descenso del 57,75% en zonas forestales y de monte entre 2009 y 2022. En contraste, en zonas agrícolas la caída es mucho menor, alrededor del 10%, y con tendencia a la recuperación. La desaparición del paisaje en mosaico y las enfermedades víricas son las causas más señaladas por los expertos para explicar este colapso.
Los datos se han recogido en el marco del proyecto europeo Life Iberconejo, con información procedente de Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y Portugal. En áreas agrícolas como los valles del Guadalquivir o del Ebro, los conejos incluso generan conflictos por sobrepoblación y daños a cultivos, mientras que en regiones montañosas, como Sierra Morena o las sierras extremeñas, su ausencia empieza a notarse de forma crítica.
Este desequilibrio pone en jaque a numerosos depredadores que dependen casi exclusivamente del conejo, como el lince ibérico y el águila imperial. También afecta a especies como el buitre negro o el zorro, además del propio ecosistema mediterráneo, del que el conejo es una pieza clave como presa y como modificador del entorno. Por eso, su declive es una señal de alerta ecológica.
El mapa de distribución generado por el IREC, con una resolución de dos kilómetros, permite por primera vez una visión detallada y homogénea del estado de la especie en toda la península. Gracias a la colaboración entre instituciones científicas, administraciones y entidades agrarias, este trabajo busca ofrecer una base sólida para planificar acciones de conservación y gestión, antes de que sea demasiado tarde.



