Un reciente estudio demuestra que no todo el consumo de tabaco tiene el mismo impacto en la salud. Los cigarrillos tradicionales, al quemarse a temperaturas superiores a los 600 grados, generan el humo que contiene más de 7.000 sustancias nocivas, muchas de ellas responsables de enfermedades graves. Por el contrario, los dispositivos de tabaco calentado calientan el tabaco a temperaturas más bajas, entre 250 y 350 grados, y al no quemar no generan humo, sino un aerosol.
Este método reduce de manera significativa la cantidad de compuestos tóxicos que se inhalan y por tanto el impacto que tiene en el cuerpo. Además, al eliminar la combustión, el tabaco calentado también produce menos residuos, olores y elimina la ceniza, lo que contribuye a un entorno más limpio y ofreciendo una alternativa más respetuosa frente al cigarrillo convencional.



