Expertos del sector energético señalan que el riesgo de un nuevo apagón no ha desaparecido, aunque ha cambiado su naturaleza. La creciente penetración de renovables y la presión sobre la red exigen una vigilancia constante. El sistema eléctrico avanza en modernización, pero aún enfrenta desafíos de estabilidad y prevención.
Un año después del apagón del 28 de abril de 2025, el sistema eléctrico español sigue bajo observación. Especialistas del sector advierten que, aunque la probabilidad de un evento similar es menor, el riesgo estructural no ha desaparecido y se ha transformado en un conjunto de factores más complejos.
El experto en energía de Vass, Diego Sanz, explicó que el sistema actual combina múltiples tensiones, como la alta presencia de energías renovables, los picos de demanda, los cuellos de botella en la red y posibles amenazas cibernéticas. Esta combinación, según señala, obliga a una supervisión permanente y a una mayor capacidad de respuesta.
El apagón tuvo además un impacto económico estimado en 1.600 millones de euros, según datos de la CEOE, lo que evidenció la vulnerabilidad de infraestructuras críticas ante fallos sistémicos. El episodio dejó en evidencia la necesidad de reforzar los mecanismos de prevención y respuesta ante emergencias.
En este contexto, los especialistas coinciden en que la prioridad ya no es solo la generación de energía, sino la gestión integral de un sistema más complejo. La modernización digital, el mantenimiento de sistemas de respaldo y la planificación de contingencias se perfilan como elementos clave para evitar nuevas interrupciones a gran escala.



