El rey pronunció un discurso mayoritariamente en catalán en Montserrat, donde subrayó la necesidad de abandonar “los discursos totalitarios, las identidades excluyentes, los prejuicios, los extremismos y las pretensiones de superioridad moral”. La intervención se produjo en un acto titulado «Valores benedictinos, una contribución a la paz», en presencia de la reina Letizia, el president Salvador Illa y autoridades religiosas y empresariales.
Montserrat fue definida como “un gran punto de encuentro” de la cultura catalana, española y europea, símbolo de apertura frente al conservadurismo excluyente. En este contexto, Felipe VI insistió en la preservación de la dignidad del espacio público y en el compromiso colectivo con el progreso y el bien común.
La visita transcurrió en medio de una protesta de la Assemblea Nacional Catalana, aunque con una presencia limitada, que fue contenida por los Mossos d’Esquadra. El monarca remarcó el valor histórico y simbólico de Montserrat, evocando su legado benedictino y reafirmando la continuidad institucional del vínculo entre la Corona y Cataluña



