En su intervención ante el Congreso con motivo del Estado de la Unión, Donald Trump volvió a utilizar un discurso duro contra la inmigración, señalando a grupos específicos y vinculándolos con problemas sociales y delictivos. El mandatario insistió en que la apertura de fronteras y la inmigración sin restricciones traen consecuencias negativas para la seguridad nacional, planteamiento que ha sido duramente cuestionado por opositores y defensores de derechos humanos.
Además de su retórica sobre migración, Trump dirigió parte de su intervención a la política exterior, acusando a países como Irán de desarrollar capacidades que podrían amenazar a Estados Unidos, aunque sin aportar pruebas nuevas, y mantuvo su postura firme de no descartar acciones más allá de la diplomacia si fuera necesario.
Las críticas no se hicieron esperar: legisladores demócratas lo enfrentaron en el hemiciclo e incluso protestas paralelas se organizaron fuera del Capitolio, donde se acusó al presidente de racismo y de priorizar políticas agresivas frente a la inmigración y conflictos internacionales.



