La abstención fue evidente desde las primeras horas del día, con calles vacías y centros de votación prácticamente desiertos en todo el país. Según la encuestadora Meganálisis, solo el 3% del padrón electoral había votado durante las primeras tres horas. Machado, que había llamado previamente a los ciudadanos a “vaciar las calles” y “no legitimar la farsa”, consideró que el comportamiento del electorado representa un acto de resistencia cívica. “No es abstención, es dignidad”, afirmó.
La jornada electoral se desarrolló en un clima de tensión, marcado por la represión previa al proceso, conocida como “Operación Tun Tun”, que dejó más de 70 detenciones de opositores, periodistas y activistas. Uno de los casos más destacados fue el de Juan Pablo Guanipa, dirigente cercano a Machado, cuyo paradero sigue siendo incierto tras su detención el pasado viernes. La líder antichavista denunció que el régimen intenta sembrar miedo y desarticular la oposición organizada.
Sin embargo, la jornada también evidenció una profunda división en el seno de la oposición. Mientras la Plataforma Unitaria Democrática llamó al boicot de los comicios, otros dirigentes como Henrique Capriles, Manuel Rosales y Stalin González optaron por participar. Defendieron el voto como herramienta de protesta y dignidad, lo que provocó críticas desde sectores que consideran esa postura como una forma de legitimación del régimen.
En paralelo, Maduro insistió en que las elecciones eran una muestra de la democracia venezolana, pese a que la mayoría de los ciudadanos optaron por ignorar el llamado a las urnas. La elección, además, incluyó por primera vez cargos para el territorio en disputa del Esequibo, en abierta contradicción con una medida cautelar de la Corte Internacional de Justicia. Todo ello confirma que, más allá de lo electoral, Venezuela continúa inmersa en una crisis política profunda con una sociedad decidida a resistir y una oposición enfrentada en sus estrategias para lograr el cambio.



