Lo que antes costaba 6,5 euros, ahora ronda los 9. Tomar un café, un zumo y un bocadillo ya no es lo que era. Muchos clientes notan el cambio y aseguran que el aumento “se ha triplicado” en algunos locales. El café, por ejemplo, difícilmente baja ya de 1,45 euros.
Los hosteleros reconocen que han tenido que subir precios, aunque intentan hacerlo de forma gradual. “No puedes subir de golpe, así que vas asumiendo la subida poco a poco”, explica Leandro Mateo, dueño de una cafetería. Aun así, cada vez resulta más difícil mantener el negocio.
Los ingredientes básicos, como el chocolate, la harina o los huevos, se han encarecido desde 2022. A esto se suman factores externos como la guerra de Ucrania o la sequía. Aunque la inflación ha bajado al 2,2 %, los efectos aún se sienten en el bolsillo.
El poder adquisitivo se ha visto claramente afectado. Desde 2008, los precios han subido más que los sueldos. Y la incertidumbre internacional, con guerras comerciales en el horizonte, no ayuda. El desayuno sigue siendo sagrado, pero ya no es tan accesible como antes.



